Blade Runner, la Epigenética y la resurrección de especies extintas
“Todos estos momentos desaparecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”
Roy Batty
Hace un par de semanas volví a ver “Blade Runner 2049”. Cuando la ví por primera vez, hace unos años, no me impactó como la de 1982 y ya casi la había olvidado... (aunque la muerte de K es conmovedora con la de Roy lloré hasta la extenuación). Pero ahora me ha parecido que plantea con más claridad la cuestión de los replicantes (o será que ahora se ha ampliado mi comprensión sobre la de 1982?).
Los replicantes son como los humanos pero producto de la biotecnología. Los hacen más fuertes y resistentes o con diferentes cualidades, según para lo que vayan a ser utilizados, pero con una vida más corta (la obsolescencia programada no es nada nueva... pues la idea original aparece en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? De Philip K. Dick publicada en 1968).
Su diferencia fundamental es que no nacen de una madre y, por lo tanto, no crecen adquiriendo experiencias y conocimientos de sus progenitores que puedan guardar en su memoria. Por el contrario “nacen” ya como adultos y se les implantan algunos recuerdos de forma limitada, lo que se traduce en carencias emocionales que pueden ser detectadas como no propias de humanos por la prueba Voight-Kampff.
Pero los replicantes, como los humanos, son de carne y hueso, seres conscientes, pensantes y sintientes.
Sus creadores, no obstante, dan la espalda a esa realidad. Para ellos solo son moneda de cambio, una forma de enriquecerse, adquirir poder y control y no dudan en “retirarlos” (una forma “aséptica” de decir matarlos) cuando causan algún problema o para manifestar su poder y superioridad (como la escena en la que Niander Wallace, con total desprecio, mata a una replicante que acaba de “nacer”).
Por casualidad -o por el maldito algoritmo, si Amazon Prime filtra a la Red- poco después de ver la película me llegó una noticia que tenía una evidente relación (i)...
No es que me sorprendiera. Desde hace algún tiempo ya se viene hablando de la “desextinción” o “resucitar especies extintas”, aunque a mí en principio me resultó tan megalómano que no le presté ni atención. Hasta que en un grupo de Facebook se presentó como objetivo dentro del Rewilding nacional... Ahí se dispararon mis alarmas al ver que se estaba desviando el objetivo primordial de conservar las especies existentes hacia otro de quiméricas resurrecciones de animales inexistentes.
Lo de “resucitar” lógicamente no es literal. Se puede llegar a extraer el ADN suficiente de la especie extinta si está bien conservada (algo de por sí extremadamente complicado pues se degrada con el tiempo y otros factores ambientales), pero hace falta una madre de una especie viva, emparentada y compatible genéticamente. Difícilmente el resultado, de ser viable, sería exactamente la especie extinguida.
Lo novedoso para mí ha sido la noticia de que ya hay una empresa, con nombre y apellido, Colossal Biosciencies ( el nombre lo dice todo) empeñada en esto de resucitar especies extintas y, lo que es más, financiada por agencias de inteligencia y del sector privado (intereses nacionales ves a saber para qué y objetivo de negocios)
A estos de Colossal Biosciencies parece que, como a Eldon Tyrell y Niander Wallace, no les importa un bledo que esas especies sean seres conscientes, cognoscentes y sintientes (características que negó la Ciencia a todas las especies no humanas pero que a través de investigaciones y el tiempo se han ido confirmando en muchas).
Me pregunto si los biotecnólogos encargados de la “re-creación” han pensado en cómo puede afectar a estos animales “resucitados” la epigenética, los cambios en la expresión génica debidos a factores ambientales, como son las experiencias de la vida que no están codificadas en nuestros genes y se transmiten a la descendencia.
Algunos estudios determinaron que ciertos eventos traumáticos han mantenido su efecto en generaciones posteriores de las personas que los vivieron. También se probó que unos gusanos heredaban pequeños ARN de sus padres que habían estados sometidos a situaciones de estrés por cambios de temperatura y enfermedades preparándolos para situaciones similares (ii).
Ahora supongamos (como en una película de ciencia ficción) que se llegan a salvar todos los impedimentos actuales y se consiguen individuos sanos y fuertes, similares a sus antepasados extintos, gracias a las herramientas de edición genética CRISPR-Cas.
Cabe entonces preguntarse ¿conservarán los fragmentos de ARN dónde se guarda la memoria de sus progenitores extintos? Si los conservan, en un mundo que ha cambiado y sigue cambiando en la actualidad de forma acelerada, ¿les serán útiles? o serán seres desubicados, extrañados de un mundo que no responde a sus estrategias para hacer frente a las situaciones de la vida... Si no se mantiene esa memoria o se mantiene solo de forma parcial o fragmentada ¿no sentirán ese extraño vacío que sentían los replicantes de Blade Runner? ¡qué difícil así reconocer la propia identidad y encontrar tu nicho ecológico!
¿Cuál será el destino de estos seres? ¿Exhibirlos en zoológicos? ¿en nuevos parques temáticos? ¿cómo tristes mascotas de humanos caprichosos?
Sin embargo, lo último en edición genética, es que se ha conseguido interactuar con la capa epigenética (allí dónde los pequeños ARN transmitían memorias paternas a sus descendientes) promoviendo o suprimiendo la expresión de genes... si por algún milagro de la conservación aún se mantienen los trocitos de ARN con la memoria de los animales extintos, quizás sus descendientes resucitados podrían conservarla.
Pero aun suponiendo que fueran tal cuál sus parientes extintos, con todos sus genes y toda su memoria, este mundo ya no es el suyo... Y no consigo encontrar su utilidad para el Rewilding. Renaturalizar es una cuestión de espacios no de especies. Si hay espacios suficientes y adecuados las especies vivas encuentran su lugar sin nuestra intervención: El jabalí, la nutria, el corzo, el castor... y un sinfín de otras especies, la mayoría calificadas como “invasoras” han conseguido recuperarse y expandirse ellos solitos (algunas incluso más de lo que algunos de nosotros desearían) o con una ayudita por nuestra parte.
Cuando una especie se extingue, independientemente de qué o quién haya podido ser la causa, es porque su mundo, su territorio, las especies con las que formaba una comunidad o los recursos que necesitaba para sobrevivir han cambiado o desaparecido y sus estrategias de supervivencia ya no funcionan. Revertir esa situación es demasiado complicado o sencillamente imposible pues a menudo en esos territorios se extienden ahora urbes (con cientos de miles y millones de hogares), industrias, canteras y explotaciones agrícolas de las que dependemos los humanos y otras especies.
Por otra parte, en el hipotético caso de que los individuos de estas especies extintas se pudieran liberar al medio con éxito, sabemos que cuando llega una especie “nueva” a un ecosistema produce una perturbación, un impacto más o menos profundo o duradero que se traduce en cambios en la composición y relaciones de las especies entre sí y con el medio ¿Qué impacto tendrán, las hipotéticas especies desextinguidas liberadas, en las especies actuales amenazadas o en peligro de extinción? ¿Pasarán los recién llegados directamente a la lista de especies invasoras? El desastre podría ser realmente ¡Colosal!
Pero Colossal Biosciencies, pretenden orientar nuestra opinión e ideas al respecto, con las más exitosas estrategias de márketing que aluden a nuestras emociones -necesidad de Naturaleza y sentimientos de culpa- y con los siempre aplastantes números “las actividades humanas presionan hasta la extinción a más de 33 mil especies diferentes. el 50 % de las especies que habitan la biosfera se habrán extinto antes de 2050”
Otras joyas del márketing emocional de Colossal Sciencies:
«Combinando la ciencia de la genética con el negocio del descubrimiento, nos esforzamos por reactivar el latido del corazón ancestral de la naturaleza«
«la humanidad se podrá hacer más humana«
«despertar las tierras salvajes perdidas de la Tierra». De manera que «nosotros y nuestro planeta podamos respirar mejor».
No se puede decir que los números sean erróneos pero tampoco que se vayan a corresponder con la realidad futura -no lo podemos comprobar- por mucho que las estimaciones se hayan hecho correctamente.
Pero resucitar especies extintas no implica recuperar tierras salvajes (pueden no llegar nunca más allá de un parque temático) ni, desde luego, hacerlo tiene nada que ver con hacernos más humanos. Y respecto a las predicciones numéricas, sabemos que existen muchas variables que no podemos tener en cuenta, pues son resultado de interrelaciones en la Naturaleza que no podemos captar en toda su amplitud y complejidad y pueden cambiar considerablemente las cifras para bien o para mal.
La mayoría de esas variables son consecuencia de la Globalización y el Cambio Climático, que han cambiado todas las reglas del juego. La incertidumbre ha aumentado hasta límites nunca soportados en las últimas generaciones. Si debido a la incertidumbre habitual las predicciones fallan -también de forma habitual-, hoy en día tienen muchos más números para hacerlo.
Incluso los científicos de Colossal admiten la posibilidad de que el material genético del tigre de Tasmania (una de las especies que pretenden desextinguir) ni siquiera sea compatible con el dunnart (una especie de ratón marsupial que parece ser el pariente más próximo genéticamente para hacer de madre). Pero aun así mantienen ”La misión” para compensar algo de “la brutalidad expansionista” de los seres humanos ‘trayendo a la vida’ a especies que se desvanecieron de la Tierra.
“En este mundo al borde del colapso las grandes corporaciones y los hombres tras estas son los nuevos dioses.”
Esta cita no se escribió para Colossal Biosciencies sino para Blade Runner de 1982(iii) pero sirve perfectamente para los dos.
Hace unos días, para cerrar el círculo, vi una conferencia en directo por YouTube de Lluís Montoliu, en el Museo de la Evolución Humana, sobre su libro “Genes de Colores”. Alrededor del minuto 53:47 hace referencia a la película Blade Runner.
Lluís que es investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, nos explica que esos genes que determinan el color y la maravillosa variedad de tonos de piel, pelo y ojos, son comunes en todos los humanos y en muchos otros animales. Y que su libro, es un trampantojo que, con la excusa de la genética, solo pretende transmitir que no hay justificación para el racismo.
Y también nos habla de otras especies...
Como en la película de dibujos animados “Madagascar” Lluís plantea el simpático dilema de si la cebra es blanca con rayas negras o negra con rayas blancas. Y nos desvela el enigma: es negra con rayas blancas.
Sabemos más cosas... -continúa diciendo- sabemos para qué les sirven las rayas: para refrescarse con la corriente que se crea entre las blancas y las negras, debida a la diferente capacidad del blanco y el negro para retener el calor, y para que los insectos les piquen menos, por la falta de precisión visual que les provoca ese patrón de bandas, que les hace más a menudo chocar con el lomo que posarse sobre él.
También sabemos cuáles son los genes que dan la orden para sintetizar los colores e incluso ecuaciones que pueden reproducir patrones orgánicos similares... -continúa- pero somos incapaces de determinar las interacciones genéticas que los producen.
Esto último es sumamente importante. Porque ahí reside el problema de la biotecnología: se puede llegar a secuenciar el genoma completo de muchas especies, a determinar que genes producen tales o cuales caracteres, a encontrar herramientas de corta y pega como las CRISPR y sus variantes, pero los genes no realizan su función de forma aislada, independiente y correlativa, sino que se interrelacionan entre sí de múltiples formas y de una manera impredecible... ¿qué tiene que ver la conducta o el carácter con el color, el patrón de manchas, el tipo de pelo o la turgencia de las orejas? Pues ni con la evidencia de los zorros de Belayev hemos conseguido averiguarlo. Y es que los genes -como el lenguaje, las neuronas, las especies, los ecosistemas y todo en la Naturaleza- pueden interactuar y reorganizarse en impredecibles e innumerables configuraciones.
Aun así, es maravilloso todo lo que podemos llegar a saber. Fue el genial Alan Turing quien ideó esas ecuaciones de patrones de color en diferentes especies; y la prueba que utilizan en Blade Runner para desenmascarar a los replicantes está basada en el famoso Text de Turing que ideó el susodicho para saber si nuestro interlocutor es un humano o una inteligencia artificial.
Pero los replicantes de la película no eran robots, ni desde luego las especies a desextinguir; tanto en la ficción como en la realidad, unos y otros serían de carne y hueso, seres conscientes, cognoscentes y sintientes.
Lluís, en su blog (iv) también escribe sobre las herramientas de edición genética y los límites éticos de lo que se puede hacer con ellas. Como él mismo nos lo presenta, su blog es sobre Gen- ética. Lluís condena el irresponsable experimento que llevaron a cabo, a cargo del investigador chino He Jianku, editando genéticamente unos embriones, implantados posteriormente a una mujer que dio a luz dos niñas gemelas. A consecuencia del cuál, estas niñas, han quedado expuestas para el resto de sus vidas y de sus posibles descendientes a mutaciones genéticas inesperadas y de consecuencias imprevisibles.
Las herramientas de edición genética pueden aplicarse a múltiples campos: enfermedades genéticas graves, cánceres difíciles, diagnóstico de mutaciones y virus... Y como ocurre con toda novedad que viene para quedarse -tecnológica o de cualquier tipo- las consecuencias positivas y negativas van siempre de la mano, pero al principio solo queremos ver las posibilidades que nos interesan por algún motivo... solo a posteriori comprobamos que aspectos tenían más peso; y cuando estos son negativos de nada sirve lamentarse. Como ha sucedido con medicamentos, como la tristemente famosa talidomida; con biocidas y herbicidas como el Glifosato; con materiales para construcción como el amianto… y un largo etc. de “novedosas soluciones” como la introducción del conejo en Australia -y otras muchas especies en otros muchos lugares-, que solo cuando el irreparable daño está hecho hemos reconocido sus peligros.
Decidir entonces, a qué y cómo se aplican o si se deben aplicar estas tecnologías, pasa necesariamente por una valoración mesurada y libre de intereses personales y económicos, que trate de tener en cuenta el máximo de escenarios posibles, sin dejar de lado nuestro sentido ético. Pues más que la razón este sentido humano es quizás el único capaz de hacernos aterrizar ante nuestros anhelos futuristas más descabellados (incluidos paraísos o infiernos celestes o terrestres).
Desde los años 70, cuando se popularizó la ecología, se viene dando la alarma sobre la pérdida de biodiversidad, la contaminación y las consecuencias nefastas para la biosfera. En 1988 se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para que emitiera y evaluara los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta. Y no solo no se han tomado las estrategias necesarias -o han sido del todo insuficientes- sino que incluso se han superado todas las predicciones nefastas al respecto.
¿Qué está fallando? diría que es algo sistémico que nos supera... Pero en los años 70 se planteó un tema fundamental, que no se llegó a desarrollar ni mucho menos a popularizar: el Biocentrismo, una ética en la que no sólo teníamos cabida los humanos sino también el resto de especies y la Naturaleza en general. Una ética que no está dictada por lo que resulta conveniente según intereses exclusivamente humanos -o de algunos humanos-.
¿Podría esta cambiar sustancialmente nuestros afanes sin medida? Una ética de la Tierra que nos pusiera sanos límites, cuando es necesario. Seguro que los pueblos originarios que aún habitan la Tierra podrían darnos algunas claves al respecto. Porque no todo lo que podemos llegar a hacer está justificado, es ético ni aceptable.
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(i) https://www.ngenespanol.com/ciencia/la-empresa-que-pretende-resucitar-animales-extinguidos/
(ii) es parte de una investigación que se publicó en la revista Cell, dirigida por el Dr. Oded Rechavi junto con un equipo de profesores de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Tel Aviv y la Escuela de Neurociencia Sagol
(iii)https://espadaypluma.com/2018/09/06/los-dioses-de-los-replicantes/
(iv) https://montoliu.naukas.com/2022/03/21/genes-de-colores/

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