Hormigas


Una niña o niño, sentado en un bordillo o en cuclillas observando hormigas... creo que es un clásico entre los que venimos con el amor a la Naturaleza de serie y exaltado.

Si mientras te hallabas en tan fascinante observación, venía algún otro niño y se ponía a pisotearlas… la presión que se acumulaba en tu pecho, a menudo te hacía explotar gritando “¡Ellas no te han hecho nada! ¡¿Te gustaría que un gigante viniera y te pisoteara?!” lo que, a su vez, podía traer tres consecuencias: 1. cara de sorpresa en el contrario; 2. Pelea, si acto seguido se ponía farruco…; y 3. salir corriendo enfurruñada con el corazón encogido. Y no era raro que se sucedieran, una detrás de otra, las tres consecuencias…

Con los años aprendes a dominar esa emocionalidad. Aunque sigues enfurruñándote ante ciertas posiciones humanas hacia las hormigas y muchas otras especies.

La verdad es que no sé qué me enfurruña más, si ver a un vecino coger aprisa y corriendo el espray mata-hormigas porque acaba de ver una hilera en la fachada de su casa… o ver a un investigador diciendo en una conferencia que, al contrario que nosotros que somos seres libres capaces de planificar, ellas solo son máquinas biológicas. Que el científico en cuestión sea paleoantropólogo quizás lo puede excusar un poco, por aquello de la especialización… pero, por dios, ¡vivimos en un mundo lleno a rebosar de seres no humanos!

Otros especialistas -entomólogos ellos-, han comprobado como las hormigas y otros insectos, no solo realizan sus funciones genéticamente programadas sino que también aprenden de las experiencias y son capaces de enfrentarse con éxito a nuevas e imprevistas situaciones.

En casa, he tenido oportunidad de comprobar lo bien que resuelve imprevistos una curiosa colonia. Convivimos con un gran hormiguero de Crematogaster scutellaris que primero se instaló en los tocones de madera muerta del laurel y, después, se pasó al tejado de la caseta que hay justo al lado.

Son diminutas, entre 3 y 4 mm las obreras pero resultan llamativas por su cabecita roja y su abdomen negro brillante en forma de corazón; además de por las larguísimas hileras que forman para aprovisionarse de alimentos, de forma ininterrumpida de la mañana a la noche, durante los meses cálidos del año. Aunque, cuando el alimento abunda, pueden terminar antes de tiempo sus incursiones… este año por ejemplo, a pesar del calor que ha hecho hasta entrado el invierno, en septiembre ya se habían recogido en su nido.

Comen vorazmente todo lo que sea de origen animal, incluyendo pienso para perros y gatos; en el laurel hay pulgón al que también visitan con asiduidad por la melaza dulzona que expulsan.

Tienen la importante función ecológica de mantener la superficie terrestre limpia de restos de insectos, caracoles y otros pequeños animales muertos, además de servir de alimento, a su vez, para otros animales. Personalmente tengo que agradecerles poder observarlas y el haber visto de cerca, una vez,  a un pito real (Picus sharpei ).

Una mañana de principios de verano, me despertaron unos golpes rítmicos y cercanos. Al mirar por la ventana de la cocina allí estaba la colorida ave repiqueteando con su fuerte pico sobre el tejadillo, mientras comía hormigas de la fila que entraba y salía del nido. A penas tuve tiempo de hacerle unas fotos, pues salió volando al leve sonido del disparador (me sorprendió lo alerta que estaba el pájaro pues, aunque la ventana estaba abierta, el sonido fue muy suave y había una mosquitera que impedía ver desde la claridad exterior hacia el interior oscuro. Por cierto que la mosquitera no me dejó enfocar bien y quedaron un poco borrosas las fotos)

Vivir al lado de una colonia de hormigas es sencillo. Solo hay que tener cuidado de no dejar ningún resto de comida fuera del cubo con tapa -siempre con tapa- de la orgánica o de otras basuras con restos.

Pero hace dos veranos, mis vecinas C. scutellaris hicieron un movimiento de expansión desde el tejadillo al interior de la caseta.

Primero vimos que habían hecho un agujerito, al notar que caía una especie de masilla del techo parecida a serrín pero más terrosa. Deben hacerla con una mezcla de saliva, tierra y madera. Al cabo de un tiempo, observamos un trasiego de hormigas desde el techo a unas estanterías. Voy a mirar y levanto uno de los botes, luego otro y otro y… ¡sorpresa! Los habían convertido en una guardería para sus larvas.  

Solo habían ocupado el estante de arriba pero más pronto que tarde entraríamos en conflicto cuando moviéramos los botes o pretendieran seguir expandiéndose hacia otros estantes. Cuando se sienten amenazadas levantan el abdomen expulsando una gotita de una sustancia aromática. La colonia, acto seguido, reacciona para defenderse. Evidentemente, a pesar de su número, ellas llevarían las de perder en el enfrentamiento.

Pero la situación se podía resolver fácilmente sin llegar a extremos. Aparté los botes y las dejamos hacer… inmediatamente se movilizaron y empezaron a coger sus larvas de diferentes tamaños y estadios larvarios, subiéndolas pared arriba hacia el agujerito del techo que conectaba con el nido del tejado.

Había larvas pequeñas y cilíndricas que eran transportadas entre las mandíbulas por una sola hormiga (una larva por hormiga). Pero había otras larvas mucho más grandes, rechonchas y de forma más ovalada o circular, quizás de futuras reinas o en el último estadio larvario, que eran transportadas entre varias hormigas (una larva entre tres, cinco o más hormigas dependiendo de su tamaño y volumen). Me resultó admirable el espectáculo de coordinación del que hicieron gala.

¿Habéis intentado llevar un bulto grande entre tres o más personas a la vez? Es complicado coordinarse de manera que no se produzcan tirones en sentidos opuestos y que el bulto acabe rodando por el suelo. Si el recorrido es largo y sinuoso, cada poco hay que pararse, decidir -planificar- y comunicar la forma y dirección en la que hay que desplazarse.

Y eso se veía hacer a las hormigas, de pronto se detenían sobre la pared y al poco reanudaban la marcha en dirección al agujero del techo.

En un par o tres de horas ya no quedaba ninguna larva ni hormiga sobre la estantería. Con un poco de masilla sellamos el agujerito del techo y problema solucionado.

Se suele hacer referencia al lenguaje químico de las hormigas mediante feromonas. Parece que este tipo de lenguaje es muy eficiente para algunas situaciones, como dejar un rastro hasta la comida, disparar una alarma general y cosas así… pero para otras situaciones y necesidades deben disponer de algún tipo de comunicación más fina.

Cuando miras de cerca las hileras ves que, al cruzarse una hormiga con otra, se palpan profusamente con patas y antenas. Una se pregunta “¿qué se estarán diciendo?”… a lo mejor solo se reconocen entre sí o a lo mejor intercambian otro tipo de información adicional.

Se sabe que las hormigas, también se comunican a través de señales auditivas, visuales, vibratorias y táctiles… a través de sus órganos y sensilas que pueden emitir y captar toda esa diversidad de ondas. Aunque no podamos conocer los detalles, su complejidad social implica una buena y constante comunicación.

En algunas especies se ha confirmado que, adultos y larvas maduras, emiten sonidos (Acerca Ciencia (4 febrero, 2023) ¡Silencio! escucha a las hormigas…. Retrieved from https://www.acercaciencia.com/2013/02/20/silencio-escucha-a-las-hormigas/.)

Mirándolas a muy corta distancia, se me ocurre -dejarme imaginar y elucubrar un poco… jejeje- que, con esa profusión de toques de antenas y patas parecería que tienen un lenguaje de golpecitos a la manera del morse. Se podría estudiar… si no se ha hecho ya.

Este verano, estas cabecitas rojas, me han vuelto a sorprender. En plena ola de calor, puse en un balcón, un recipiente con agua y otro con tenebrios, granos y semillas. Lo de los tenebrios lo hice pensando en los dragoncitos (Tarentola mauritánica) -que este año no tenían nidos de avispa con larvas a las que depredar-, también en los mirlos, en las currucas… y las semillas para otras pequeñas avecillas. Aunque las aves escasamente pasan por aquí en lo más álgido del estío, pues no queda ni rastro de humedad, ni brizna verde sobre la tierra yerma… y hasta la procesionaria ha desaparecido.

El balcón queda en el lado opuesto a la caseta dónde viven las C. scutellaris. Como la casa está en la falda del monte, la parte de atrás -dónde está la caseta- queda a nivel con el terreno, pero la de delante -donde está el balcón- queda a dos pisos de altura sobre el terreno (ver croquis). 

 Nunca había visto hormigas en ese balcón así que ni pensé en ellas al poner agua y comida. Pero al día siguiente allí me las encontré afanadas, cortando los últimos tenebrios a un tamaño transportable. Los tuvieron que localizar por el olor -no se me ocurre otra manera- pero no deja de ser sorprendente, teniendo la casa por medio, su rapidez y eficacia.

 En los días posteriores, ya sin tenebrios, aún venían en grupos pequeños a beber agua, lo cuál también me llamó la atención. ¿Eran las mismas hormigas que vinieron a por los tenebrios las que volvían a beber agua? O ¿eran otras más sedientas que aún no habían venido al balcón? Si encontraban el lugar por el rastro de feromonas que dejaron las primeras… ¿Cuantos días se mantiene un rastro de feromonas en el suelo? ¿hay feromonas que informan “por aquí hay comida” y otras “por aquí hay agua”? lo dudo. Si el rastro de feromonas es genérico ¿porqué venían solo en pequeños grupo en lugar de acudir en masa como cuando había tenebrios? Después de que dejaran de venir aún mantuve durante un tiempo el recipiente con agua y el de granos y semillas pero ya no vinieron más… ¿sería porque el rastro oloroso desapareció?

Por último quiero deciros que esta pequeña hormiga, también llamada “hormiga del alcornoque” está considerada una plaga allí dónde los alcornoques aún se explotan económicamente por el corcho. No es que produzca daños importantes, más bien es que molesta a los peladores de corcho en su trabajo.

En realidad “plaga” es un concepto que únicamente tiene sentido para nosotros los humanos y que utilizamos cuando alguna especie, de manera real o figurada, se convierte en una amenaza a nuestra economía. En la Naturaleza las poblaciones animales, en función de factores ambientales, están sometidas a diferentes dinámicas de crecimiento, expansión, decrecimiento, muerte, inmigración o emigración… La abundancia de unas, en un momento y circunstancias determinados, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte y la recuperación o desaparición de otras especies.

¿Qué pensáis que debía ser el famoso maná bíblico que salvó al pueblo de Israel en su travesía por el desierto? Pues no podía ser otra cosa que las famosas plagas de langosta gracias a las cuáles muchas especies, incluido el homo sapiens, conseguían sobrevivir, en lugares tan inhóspitos. Los insectos han sido y son aún un recurso alimenticio para muchos pueblos. 

Estos pequeños -y a veces molestos bichos- son enormemente importantes.



 

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