El jabalí, el corzo, el Lobo… y la recuperación de los ecosistemas

Desde que Naciones Unidas firmó en Rio de Janeiro (1992) el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) ha llovido mucho… y, pese a que los acuerdos no han resultado fructíferos, es un tratado Universal firmado por 196 países.

Así las cosas, parece redundante decir que está fuera de toda duda la necesidad de conservar la diversidad biológica, y con ella las especies animales y los ecosistemas.

Sin embargo, cuando aparecen en las noticias alguna de estas tres especies, suele ser por motivos controvertidos y de conflicto con los humanos. Pocas veces se hace referencia a ellas como elementos de esa biodiversidad a conservar.

El 15 de marzo del 2010 La UE establecía la meta primordial de:

Detener la pérdida de biodiversidad y la degradación de los servicios ecosistémicos y restaurarlos, en la medida de lo posible, para el año 2020.

Un informe de Naciones Unidas, publicado al vencimiento de la fecha, dictaminó que no se había cumplido la meta pero que se había demostrado que la naturaleza mejoraba al tomarse medidas a su favor.

 Ese año, estuvimos confinados por la pandemia, había toques de queda y no se podía viajar... Las redes sociales iban llenas de videos y fotografías de animales que aparecían por aquí y por allá, en lugares insospechados. Se mostraban sin temor a la luz del día,  por las calles de muchas poblaciones e incluso cruzando cinturones de autopistas y autovías hasta adentrarse en los parques de grandes ciudades.

 En 28 años no pudimos frenar la pérdida de biodiversidad, pero unos meses de paralización de nuestra actividad y empezamos a ver movimientos esperanzadores. Claro que ni las especies ni los ecosistemas pueden recuperarse en tan mínimo tiempo… pero quizás si se les dio un respiro a algunas poblaciones, en el momento crítico de nacimientos y cría, que les permitió una mejora. En cualquier caso, lo que sucedió ese año, da para reflexionar sobre lo que puede conseguir el laissez faire en contraste con el intervencionismo en materia de biodiversidad.

En la reunión del 2021, que fue la COP26 (la Conferencia de las Partes, órgano del CBD. El número se refiere a las veces que se han reunido), se determinó una misión y una visión para los siguientes 30 años.

La misión, hasta el 2030, es adoptar medidas urgentes para conservar y utilizar la diversidad biológica. La visión para el 2050, vivir en armonía con la Naturaleza, dónde “la diversidad biológica se valora, conserva, restaura y utiliza en forma racional, manteniendo los servicios de los ecosistemas, sosteniendo un planeta sano y brindando beneficios esenciales para todas las personas”

No tengo claro como los firmantes piensan que deberíamos hacer para “vivir en armonía con la Naturaleza”, se trasluce una visión en exceso utilitarista en la que solo se tiene en cuenta el beneficio de las personas. ¿Acaso no ha sido esta, precisamente, una de las principales causas de no haber logrado avances en materia de biodiversidad?

Porque, si bien los procesos de recuperación pueden ser lentos, desde finales de los 60 inicios de los 70 ya se venía advirtiendo -alto y claro- de las consecuencias para la Naturaleza de nuestros modelos de desarrollo. 50 o 60 años más tarde no es solo que no los hayamos cambiado sino que los hemos expandido al máximo, hasta cubrir todo el planeta, provocando aún más pérdida de biodiversidad. Las empresas y negocios han fagocitado las premisas de “energías renovables” y “conservación de las especies”, pervirtiendo los objetivos originales de autosuficiencia energética, independencia agroalimentaria y una ética de consideración y respeto por la vida animal y el conjunto de la Naturaleza, en la que el ser humano entiende y acepta que es solo un elemento más (la propuesta del Biocentrismo de los años 70 que se quedo en nada).

Actualmente hay diferentes visiones al respecto de cómo lograr esa armonía con la Naturaleza, algunas pretenden obtenerla a partir de una vuelta de tuerca más en la dominación de la naturaleza, otras diametralmente opuestas pero básicamente todas antropocéntricas. No obstante, el objetivo es el mismo “Vivir en armonía con la Naturaleza”.

En el 2023 sigue sin apreciarse mejora en los ecosistemas y muchas especies siguen en peligro de extinción pero, al menos, podemos decir que algunas especies han conseguido recuperarse y expandirse[i]; en algunos casos con algo de ayuda y protección por nuestra parte (como, por ejemplo, con el lince y la reciente protección del lobo en nuestro país) pero, con muchos problemas aún por resolver.

Un ecosistema puede desaparecer por causas que no tienen, necesariamente, que ver con la acción humana y no está en nuestra mano evitar, como procesos geológicos, meteorológicos y climáticos (erupciones volcánicas, terremotos, deslizamiento de tierras, cambios en los regímenes de lluvias o sequías prolongadas, etc.) o por los cambios que se suceden y acumulan con el paso del tiempo, transformándolo todo.  Cuando la desaparición es por causas antrópicas, también pueden ser muy diversas: agricultura, extracción, industria, urbanización, vías de comunicación, etc.  

En este caso, la recuperación puede propiciarse, por ejemplo, por el abandono de explotaciones, pueblos y tierras agrícolas. Al poco de abandonarse nuestra actividad, ya empieza a cubrir el espacio vegetación pionera,  herbáceas muy resistentes que pueden colonizar suelos desestructurados, baldíos, agotados y/o contaminados. Lentamente se van sucediendo unas comunidades vegetales a otras… En el clima mediterráneo aparece la garriga, en las zonas más áridas o degradas, con matorrales perennes de pequeño porte que, con el paso del tiempo, pueden dar paso a la maquia, formaciones vegetales que cubren ya todo el suelo, con bosquetes densos, árboles y arbustos más altos y abundantes. La maquia es una comunidad más avanzada, hacia el bosque original de encinas o robles, pero aún transitoria. Durante el proceso se van estableciendo también especies animales. Pero no es hasta que hay suficiente biodiversidad y recursos de cobijo y alimento, que aparecen los animales más grandes.

Todo esto, puede llevar mucho tiempo…  dónde yo vivo, han pasado unos 70 años desde que, en los años 50, se dejaron de cultivar estos suelos. En la actualidad predominan los bosquetes densos de maquia (también garriga en las zonas más pedregosas) y los pinares de pino blanco, también encinas y unos poquitos robles en las zonas más umbrías.  Pero el único animal grande que ha mantenido su presencia en todo este tiempo, con altibajos, ha sido el jabalí. Los trabajos de movimiento de tierras, la urbanización, los incendios, canteras, periodos de sequía, la presión turística y cinegética… todo ello con el telón de fondo del Cambio Climático, pueden ralentizar o llegar a invertir el proceso.

Por ejemplo, una población animal en principio considerada prolífera y abundante, debido a algunas de estas causas o un conjunto de ellas, puede empezar a sufrir más muertes que nacimientos y,  en pocos años, si las circunstancias no les son favorables, decrecer hasta su total desaparición de la zona en cuestión.

 Esto sucedió, en la urbanización dónde vivo -y puede suceder con cualquier otra especie, en cualquier otro lugar-, con el erizo claro o moruno: durante muchos años parecía muy abundante, no eran raros encuentros nocturnos y muy habitual ver a los animales muertos en la carretera. Por lo que nadie pensaba que de repente su población se viniera abajo, como de hecho sucedió. Casi sin darnos cuenta, en poco tiempo, desaparecieron de la vista: ni encuentros nocturnos, ni muertos en las carreteras, ni indicios claros de sus rastros (una vez encontré lo que podía ser una caca de erizo pero al consultar a un experto rastreador, Benjamín Sanz, me indicó que podía ser de sapo y, al comprobar el rastro que podía haber dejado en caso de serlo, coincidía con su apreciación).

Masia de la Sinia de Calafell. Imagen Wikipedia con licencia CC

En octubre del 2020, después de años de su desaparición, tropecé con uno muerto, a unos 5 km de mi zona, dentro del núcleo urbano de Calafell. Estaba en un gran solar, adyacente a la Masía de la Sínia -bien cultural protegido-. Por largo tiempo inutilizado, hacía poco se había instalado el mercadillo de frutas y verduras de los martes y, ese día de cada semana, se produce un gran trasiego con los puestos, la gente y los grandes camiones que entran para descargar y cargar. Pensé, con tristeza, que probablemente estaba desapareciendo uno de los últimos reductos del erizo moruno en Calafell. 

Recientemente se incluyó como especie vulnerable en el Catálogo de Fauna Amenazada de Catalunya (Decreto 172/2022 del 20 de septiembre), pero no he podido encontrar información de ningún estudio reciente sobre sus poblaciones.

No hace tanto me enteré que el corzo ha llegado hasta aquí… ese pequeño cérvido que tiene un importante papel ecológico como consumidor de materia vegetal y regulador de la estructura del bosque[ii] además de como presa de grandes depredadores.

Me lo dijo, el año pasado, mi amigo Antonio -presidente de la Asociación de Vecinos y gran conocedor de todos estos andurriales- pero lo tomé como un caso anecdótico hasta que, recientemente, José Carlos de la Fuente[iii] (rastreador y naturalista) me confirmaba que estaban criando muy cerca de aquí.

Me alegré mucho, la verdad, pues me gusta saber de especies que logran recuperarse y expandirse, sentir que la vida bulle a mi alrededor. Supone un pasito más en la dirección de ese largo camino de recuperación del ecosistema y, por si fuera poco, puede tener un papel en la contención de incendios que tanto nos preocupan por aquí.

Imagen de Pedro Arroyo. Corzo

Sobre esto último consulté a la Asociación del Corzo, del Departamento de Ecología de la UCM y muy amablemente me contestó Florencio A. Markina, diciéndome que se adapta muy bien a vivir en parches de casas y zonas verdes aunque, en mi zona, la sequía estival puede ser un factor limitante. No tenía clara su capacidad antiincendios pero, sin duda, en alguna medida contribuiría en mantener a raya la vegetación.

Es agradable vivir rodeados de verde o junto a espacios verdes… Pero la vegetación, por sí sola, no es un ecosistema. Y en ese caso, se producen desequilibrios cada vez más importantes -como el aumento en la frecuencia de los incendios-. Ninguna zona verde puede ser un ecosistema si no hay una buena representación animal (diversidad de especies) que dé al bosque una estructura adecuada para automantenerse de forma óptima.

El jabalí, el corzo y el Lobo eran y son elementos esenciales en la formación y mantenimiento de la estructura de los bosques. Cuando estos ecosistemas están en su estado óptimo es cuando pueden ofrecer servicios materiales (materias primas), inmateriales (culturales, psicológicos y emocionales) y reguladores (ciclos biogeoquímicos de materia/energía). Estos servicios que el CBD quiere restaurar y preservar son imprescindibles para la vida (en general, no solo para la nuestra).   

Pero esta necesidad choca frontalmente con el hecho de que, estas especies -y otras muchas-, no son bien recibidas por una parte importante de la población humana. Porque causan molestias y afectan nuestros intereses y economía, en carreteras, zonas de ganadería y cultivos, que no fueron diseñados pensando en la biodiversidad.

No hace mucho, una noticia alertaba de un lobo macho en el Moianés (una comarca de Catalunya) que los agentes forestales llevan siguiendo unos dos años. Desde hace tiempo se tiene noticias en Catalunya de algún que otro lobo itinerante… pero, de uno afincado, para mi es la primera. Dicen que hay cuatro lobos machos en toooooooda Catalunya.

Cuatro lobos y solo machos… no es como para tirar cohetes. Me refiero a la posibilidad de que, por fin, después de décadas de jabalí, y ahora corzo, y de tantas quejas de sobrepoblación llegara el depredador a contener sus poblaciones y a establecerse en la zona.

Sin embargo, con un único lobo, ya se han movilizado en la comarca para tratar el tema. Así es de alarmante, la convivencia con algunas especies de fauna salvaje. Los motivos son varios -no solo económicos- y conocidos.

Evidentemente todo animal grande e inteligente puede competir con nosotros por aquellos recursos que tanto nosotros como ellos necesitamos. Pero, aunque no comparten el interés por todos nuestros recursos, ni nos perciben como a sus presas, ni tienen especial inclinación hacia nosotros -de hecho se esfuerzan en mantenerse ocultos y alejados de nuestra presencia-, a muchas personas, no les parece bien que estén ahí, aunque no los vean les disgusta solo pensarlo, porque sienten un temor que vence sobre otras consideraciones.

Esto es especialmente cierto cuando la presencia de esas especies es novedosa porque hace mucho que no estaban en la zona o nunca habían estado… lo que nos saca de nuestra zona de confort nos incomoda y lo que se desconoce resulta incomprendido… y entonces, fácilmentes, se disparan las alarmas de pánico.

La llegada de desconocidos cargados de mala fama -aunque sea injustificada-, en un principio raramente es bien recibida… ¡nos sucede hasta con los de nuestra propia especie!

En estos casos, el temor irracional es quien toma el control de nuestros actos -y todo animal atemorizado es potencialmente peligroso-, mandando al garete todo lo demás… la buena convivencia, la conservación de la biodiversidad, el futuro de nuestra propia especie… ¡todo! Y si el miedo instintivo se justifica con otras razones e ideas… ¡entonces estamos perdidos!

Imagen de Jhon Hallowell. Pareja de lobos en Sierra de la Culebra


 

Y menos mal que el lobo ahora está protegido oficialmente… porque existe un terror antiguo hacia él, que ha sido alimentado por historias y cuentos que han llegado hasta nuestros días...

Historias, por cierto, que contaron humanos que competían ferozmente con ellos por ciertos recursos alimenticios (solo tenemos que escuchar lo que se llegan a decir entre sí los políticos, cuando en campaña compiten por el poder… o a nosotros mismos, en alguna competición cualquiera, dado el caso... ¡que no diríamos de individuos de otras especies competidoras!). Y también cuentos, con dobles sentidos o metáforas, que pretendían advertir a infantes e ingenuos sobre hombres de oscuras intenciones…

Tengo mis dudas sobre si realmente algún niño o niña llegó a entender la advertencia que se escondía tras esos cuentos, única forma de que sirvieran para su objetivo. Pero al lobo lo estigmatizó de por vida.

<< Sí, me refiero a La Caperucita Roja y al Hombre-lobo. Y abro corchetes para exponer algo que tiene que ver con el artículo pero no es de la misma temática.

En un estudio sobre la comprensión de las metáforas en niños, en 2º grado de primaria -de 7 a 8 años- el 93,75% de los niños daba una respuesta literal y solo un 6,25% metafórica. El proceso de comprensión es lento -y cada niño tiene su ritmo-, solo a partir de los 12 años la respuesta metafórica supera a la literal con un 57.5%

Yo no entendía de niña la moraleja del cuento de Caperucita…  lo tomaba literalmente y me enrabiaba sobremanera el papel de malo que le habían dado al lobo. Y es que vivía con un loba doméstica (una perra para que me entendáis… pero es que yo tampoco apreciaba las diferencias) y sabía, porque lo veía en su actitud y en sus ojos, que no era un peligro para mí.

Ni siquiera, a los doce años, entendía el doble sentido que escondía la figura del hombre-lobo, tan solo me parecía una aberración incomprensible esa transformación del uno en el otro y el matar sin sentido. Con la edad fui entendiendo el significado de esa figura… y también frases como “el hombre es un lobo para el hombre”. Esa manía tan nuestra de utilizar a otras especies -o al vecino de enfrente- para que carguen con nuestros demonios o sentimientos de culpa>>

Esta antigua campaña para criminalizar al lobo es la expresión de una guerra psicológica contra un competidor. Pero no es tan fiero el lobo como lo pintan… tiene otras cualidades, como la capacidad de comprensión, valoración y respeto hacia los humanos. Solo hay que pensar en que, para no enfrentarse a nosotros, se conformó con comer lo que a nosotros nos sobraba… se esforzó en colaborar -en lugar de competir- nos brindó su ayuda para cazar. Decidió alertarnos, como a sus propios hermanos, sobre otras criaturas que pudieran ser un peligro, real o imaginado, para nosotros… alejándolas o enfrentándose a ellas, poniendo su propia vida en riesgo y dándola, valientemente, cuando lo consideraba necesario. Nos ofreció su oído y olfato allí dónde los nuestros no podían llegar... Colmando algunas de nuestras necesidades más fundamentales, tanto físicas como psicológicas, como, por ejemplo, la necesidad de seguridad. A lo largo del tiempo, allí dónde se encontraba con nosotros, fue renunciando a su vida libre y salvaje...  hasta transformarse en perro para que pudiéramos llegar a tener, realmente, al mejor de los amigos imaginables.

Aunque los lobos nos hagan tener algunas pérdidas, si lo analizamos a fondo, vemos que no son en vano ni tan alto su precio por lo mucho que nos dieron y lo que nos pueden dar, como actores principales en la recuperación y mantenimiento de los ecosistemas. Ahora, a diferencia de tiempos antiguos, los humanos no basamos nuestra alimentación en la carne de caza y los ganaderos pueden obtener una compensación de parte de toda la sociedad y gestionada por la administración (pero como nada es perfecto, a veces las compensaciones tardan y esas cosas…).

Al jabalí se le teme por su tamaño y esa gran cabeza adornada con un par de defensas de marfil. Resulta molesto porque cruza las carreteras por donde no hay pasos de cebra ni semáforos. Cuando le atropellan puede llegar a huir con la columna rota, las costillas o alguna pata destrozadas, los pulmones encharcados y otras vísceras afectadas, para acabar muriendo, oculto en algún paraje, después de una lenta agonía… o, simplemente, quedar reventado en la carretera. Para el atropellador supone un susto, unas cuántas molestias, quizás algunos golpes a causa del impacto y el coste de ir a reparar el automóvil. 

Imagen obtenida de la web Ajunt.BCN. licencia CC d A los agricultores les incordia porque remueve la tierra y causa pérdidas en el valor de sus cultivos, a los que frecuenta en la temporada primavera-verano cuando en los ambientes forestales apenas hay que comer. En otoño-invierno, con las lluvias otoñales y la maduración invernal de las bellotas, los bosques se vuelven más productivos y pueden conseguir el alimento necesario (bueno, las sequías prolongadas que llevamos por aquí, los obligan más a menudo a buscar recursos fuera del bosque).

El jabalí es una animal omnívoro cuya dieta principalmente herbívora (casi un 98% del total) se basa en bellotas, frutos, flores, brotes, hojas, hongos, semillas, raíces… y menos de un 2% en materia animal (Trabajo de tesis doctoral de Carme Rosell a partir del contenido analizado de los estómagos de animales muertos obtenidos de la caza).

Algunos agricultores han instalado alambre eléctrico alrededor de sus cultivos. Como es el caso de Berta, una agricultora del Montseny[iv] -una de las zonas de máxima densidad del jabalí en Catalunya-, que además tiene en cuenta las necesidades de agua de los jabalís, dejándoles libre acceso, por los senderos que ellos mismos ya tenían hechos, hasta el rio. Desde que instaló el alambre no ha tenido más problemas de invasión en sus cultivos.

Quizás no siempre se puedan aplicar estas soluciones… pero, en cualquier caso, sí se pueden entender las necesidades, estrés y sufrimiento de estos mamíferos, si se les impide el acceso al agua o a poder desplazarse -largas distancias- para obtener el alimento suficiente. Al fin y al cabo, como mamíferos, además de características morfolígcas, compartimos ciertas reacciones y emociones y, para un humano es fácil imaginar como nos sentiríamos si no pudiéramos tener acceso al agua y el alimento, cuando más lo necesitamos..

Algunos ciudadanos conviven en armonía con el jabalí en aquellos lugares dónde el contacto es más habitual y estrecho porque son islas verdes rodeadas de un mar de autopistas, autovías, carreteras y poblaciones densamente pobladas (el caso del Collserola en Barcelona) dónde el alimento, como en toda isla, escasea con periodicidad. Algunos de estos ciudadanos incluso les ayudan con la alimentación, aunque esté prohibido por las autoridades y mal visto por los expertos,  actúa la espontánea empatía y tradicional ayuda entre especies diferentes (aunque a veces nos excedamos y se generen consecuencias indeseadas).

Pero, a otros ciudadanos les aterra el hecho de que los jabalís salten fuera de su isla, hacia la ciudad. Aunque todo lo que hacen es rebuscar en los contenedores, papeleras, pudiendo volcar algunos y remover el césped de las zonas ajardinadas pero sin buscar problemas con nadie, las personas se sienten aterradas ante un animal peludo y cabezota que puede llegar a pesar tanto o más que ellos. Sin embargo, el jabalí es, por naturaleza, de comportamiento tranquilo (en otro caso no se habría podido transformar en cerdo pues habría sido imposible su domesticación. Si el lobo al convertirse en perro nos dio las más útiles de sus cualidades, el jabalí al hacerse cerdo, nos dió su propia carne y sangre).

¡Solo hay que verlos! por lo general una madre con sus hijos, que cuando pasas cerca ni se vuelven a mirar, afanadas a lo suyo… en la dura tarea de obtener el alimento suficiente para ella y sus pequeños. También podemos ver grupitos de adultos y algun macho solitrario pero la imagen más común es hembra con crías. La necesidad hace perder la vergüenza y hasta el temor y es especialmente cierto, en todas las especies animales, cuando hay hijos que alimentar.

Pero, como en todas las interrelaciones, en ocasiones se producen conflictos directos. Aunque sean menores, a esta especie se le perdonan menos… así, se ha puesto el grito en el cielo, cuando puntualmente, algún individuo ha llegado a robar la bolsa de plástico - con quizás algo de merienda- de algún paseante. También, puede llegar a suceder, si se sienten acorralados y asustados, que te puedan embestir y dar un revolcón, como le sucedió a Joaquín Morante (FAPAS) al encontrarse de pronto con uno de ellos, en una revuelta de un sendero de montaña. Incluso pueden llegar a herirte en alguna pierna con sus defensas marfileñas. Pero estos son casos muy raros y solo se dan cuando el jabalí se siente muy amenazado o invadido en su territorio.

Pero las noticias siempre hablan de lo inusual, lo que más impacta, por miedo pena, indignación… o cualquier otra emoción que son las que nos mueven y las que más venden. Para más inri, expertos y autoridades proveen a los mass media de información sesgada, cuando exponen los problemas que causan pero no los beneficios que producen en los bosques y en su papel en la recuperación y mantenimiento de los ecosistemas.

Por ejemplo, no es de conocimiento popular la función de "jardinero" que tiene el jabalí. Sin embargo, ningún otro animal del bosque mediterráneo tiene un papel tan importante en la formación de suelo -recurso que se está convirtiendo en escaso y, por el tiempo que necesita para formarse, en “no renovable”-. Recorre largas distancias en su búsqueda de alimento y con el fuerte disco de su hocico, ara -literalmente- y voltea el suelo, desenterrando incluso trozos de roca de cierto tamaño, descompactando y aireando la tierra en extensos parches, favoreciendo así la integración de la materia orgánica. Él mismo aporta parte de esa materia orgánica y semillas con sus heces, además de esporas adheridas a su pelo, que va dispersando en sus trayectos. Así prepara el suelo, lo abona y lo siembra, favoreciendo la germinación del máximo de semillas y permitiendo que las plántulas puedan enraizar con éxito. 

suelo hozado por jabalí

 Pero de esto nada se dice… mientras, corren ríos de noticias en su contra. Como, por ejemplo, que al ser omnívoro, también depreda aves... a lo que se añade que, por ser numeroros, atentan contra la biodiversidad. Cómo hay mucho amor por las aves y poco por los jabalís… se produce una tormenta de razones que lo criminalizan. 

Pero no dicen que la materia animal que consume supone, en su alimentación, alrededor del 2% del total. Ni de que se basa principalmente en carroñas y eventualmente en huevos y pequeños animales que pueda atrapar en el suelo. Tampoco advierten que no está físicamente dotado para la caza, con un cuerpo compacto y fusiforme y un cuello corto con poca movilidad; de manera que solo puede alcanzar aquellos animales vivos que  no sean muy ágiles, ni rápidos, ni puedan salir volando (lo que evidentemente reduce aún más la proporción, en ese 2%, de las aves que pueda depredar).

El corzo pese a ser percibido como un animal bello e inofensivo -como todos los cérvidos en general- también ha empezado a resultar molesto allí dónde antes no se le veía pero ahora está pasando a ser parte del paisaje. Como el jabalí, molesta principalmente por pasearse por los cultivos -ramoneando brotes- y por cruzar carreteras. Pese a su mayor gracilidad también puede causar daños en los vehículos, sobresaltos y molestias a los conductores. Al ser un animal más delicado que el jabalí muere más a menudo que aquél en los atropellos pero también, en no pocas ocasiones, sufre una lenta y silenciosa agonía lejos de nuestras miradas.

Pero, como en el caso del jabalí, las noticias sobre molestias e impactos son abundantes, pero no se habla en ningún caso sobre su importante papel en la estructura de los bosques. Si el jabalí es el jardinero del suelo, el corzo lo es de la vegetación a la que da forma y contención recortando los brotes de arbustos y leñosas.

Así las cosas… no sorprende que, todo el mundo proclame la necesidad de conservación de la biodiversidad y el futuro de nuestra especie pero… ¡nadie quiera esa diversidad en la parte trasera de su casa! La inmensa mayoría la sitúan idealmente en algún lugar salvaje y prístino lejano… muy… muy… lejano...  La mala noticia es que no abundan esos lugares. En mayor o menor concentración se nos puede encontrar, a nosotros y nuestras infraestructuras y explotaciones, por prácticamente casi toda la superficie terrestre.

 Pero además de molestias, intereses y temor hay otras razones -menos evidentes- de porqué los seres humanos rechazamos tener cerca a esas especies.

Hace una semana en las noticias de tv3 se hablaba de 50 ovejas que se habían vuelto salvajes y andaban libres, sin perro ni pastor, por el macizo del Montseny. Aunque unos masoveros denunciaban que les habían comido algunas coles y que tenían miedo de que sus ovejas se escaparan con las descarriadas… la noticia, en o que ponía el acento era en que un rebaño “numeroso” de “ovejas salvajes campaban libremente”.

Y es que estas palabras hacen saltar alarmas automáticas en la mayoría de nosotros (no alarmas irracionales o instintivas sino culturales e ideológicas). Los humanos nos hemos plegado a tantas normativas y limitaciones para poder pertenecer a sociedades cada vez más grandes, complejas y exigentes… que se nos hace insoportable contemplar que otros se rijan por sus propias normas y vivan a su aire, sin atender a carteles, letreros, señalizaciones horizontales, verticales, flechas, marcas, paneles luminosos… .

Por esto, aún sin molestias ni pérdidas,  pocas personas que tengan fauna cerca -esta sí, realmente salvaje-, ven con buenos ojos que puedan campar en mayor número y libertad que los de esas 50 ovejas.

En otras noticias,  un representante de los agricultores decía  “no podemos más con tanta fauna”.

Es comprensible lo difícil que lo tienen agricultores y ganaderos, con los bajos precios que pagan los intermediarios por sus productos, los requerimientos administrativos, las ayudas que no llegan… las inclemencias del tiempo, la sequía, inundaciones, los insectos, enfermedades... Es comprensible que sientan, que esta oleada de fauna es la gota que colma el vaso… pero, también es justo tener en cuenta que, no ha sido la gota la que lo ha llenado.

Después de estos análisis, entiendo un poco mejor -que no justifico- porqué muchas especies salvajes con éxito reproductivo (condición necesaria para el futuro de la especie y su éxito evolutivo) no suelen estar valoradas positivamente. Porque sí, es difícil y costoso contenerlas cuando no hay más remedio... Sin embargo, tenemos que permitir que especies como el jabalí y el corzo sean abundantes para que puedan establecerse especies depredadoras que las contengan, se recuperen los ecosistemas y, de paso nos descarguemos un poco de la responsabilidad sobre ese problema.

La verdad es que me planteo si, dadas las circunstancia actuales, es una buena estrategia para la conservación de la biodiversidad, despreciar a las especies abundantes, mientras damos un gran valor a las especies raras, con escasas poblaciones y un número bajo de individuos que se reproducen poco, que su hábitat ha dejado de ser adecuado -por los motivos que sean- o no pueden obtener los recursos necesarios; y mueren más individuos de los que nacen, con muchas probabilidades de desaparecer, pese a todos nuestros posibles esfuerzos.

Pero, que no se me malentienda, todos los esfuerzos por salvar especies en peligro de extinción, me parecen fabulosos ¡ojalá pudiéramos salvarlas todas! aunque evidentemente no sería posible, algunos éxitos resultan estimulantes. Lo que critico es que se minusvalore a las que nos han demostrado, ampliamente, su inmejorable adaptación y capacidad de supervivencia, como es el caso del jabalí y el corzo. Más aún en momentos tan inestables y de tanta incertidumbre como los que estamos viviendo en el contexto del Cambio Climático.

No queremos bichos a nuestro lado… pero en un mundo globalizado donde vivimos 8.000 millones de personas, mantener la biodiversidad sin cruzarnos con fauna salvaje es solo una distopía del estilo de “Un Mundo Feliz” de Huxley.

Una distopía que se empezó a hacer realidad... En el libro de Huxley la Naturaleza Salvaje era como un parque temático… muy similar a lo que se han ido convirtiendo Parques Naturales y Nacionales. La fauna en ellos a menudo no puede, o no se les permite, atravesar ciertos límites. De mantenerse este aislamiento, en más o menos tiempo según el territorio y su superficie, puede producir problemas de endogamia y dependencia en algunas especies. De hecho esto ya está sucediendo.

La vida no puede mantenerse compartimentada. Cada oveja con su pareja y cada cosa en su sitio, como tanto nos gusta a los humanos. El control que creemos ejercer, de esta manera, es solo relativo, transitorio, circunstancial, incluso ilusorio… pero no inocuo, tiene consecuencias indeseadas en la Naturaleza a muchos niveles y una de las peores es impedir o frenar los movimientos de los animales en su lucha por la superviviencia, tanto por una cuestión ética como por el hecho de que puede repercutir negativamente en la especie.

Tenemos que aprender a respetar y convivir con otras especies además de la nuestra… no solo con las coloridas aves de paso, los pequeños y medianos mamíferos que rara vez vemos y las bellas mariposas que parecen flores flotando en la primavera... También hay que respetar y convivir con las más grandes, abundantes y potencialmente amenzazantes. Al fin y al cabo, ninguna de ellas tiene armas de destrucción masiva. Nuestros antepasados convivieron con ellas y nos dejaron prueba de su admiración y respeto, pintándolas en las cuevas.

En algunos lugares del mundo, dónde aún quedan grandes depredarores y herbívoros, los lugareños  conviven con algunas que, por su tamaño y comportamiento, nosotros no toleraríamos ni a cientos de kms. de distancia. Sin embargo, pese a que hay accidentes, no es su número ni el tamamño las que las convierten en más peligrosas. Muchísimo más letales son algunas especies de minúsculos mosquitos que encabezan el ráquing de animales que causan muertes humanas. 

Pero... ¿quién va justo por detrás de los mosquitos en el ránquing de causas de muerte humana? seguro que ya lo imaginas... ¡si, los propios humanos! El mundo puede ser un lugar peligroso... y el Homo sapiens es una de las especies más peligrosas. Así que no vamos a andarnos ahora con remilgos de "quitáme de aquí estos bichitos..."

Sabemos hace tiempo que hay que repensar el diseño y el uso de los espacios que ocupa nuestra civilización para que dejen de ser barreras para la biodiversidad. Tenemos que dar prioridad a los individuos sobre las carreteras. Compartir los intersticios de nuestras urbes. También los ríos y rieras que conectan montañas y tierras de interior con el llano y las costas… por dónde discurre el agua, acumulándose en remansos y lagunas. En esos espacios, al tocar del mar, alcanzan su máxima productividad, y son un recurso fundamental para muchas especies. Imprescindibles en los tórridos veranos mediterráneos cuando, sobre el suelo del bosque no queda una gota de agua para calmar la sed, ni vegetal jugoso que echarse a la boca.

¿Es justo e inteligente acaparar esos espacios únicamente para nosotros o permitir solo la presencia de aquellas especies que valoramos más por ser raras, bonitas o con aspecto amigable? ¿Así es cómo pensamos frenar la pérdida de biodiversidad?  

En las últimas décadas, muchas ciudades son más verdes. Limpiaron de basuras y contaminación los ríos y sus márgenes,  adecuándolos para el paseo. Despejan periódicamente de hierbas y cañizares las rieras. Naturalizan playas o partes de estas, como medida para evitar pérdidas de arena y de la propia playa. También, hay programas para ayudar a la fauna. En algunas playas, por ejemplo, se trata de dejar espacio y dar protección para puestas que se hacen en la arena de especies como el pequeño y simpático chorlitejo patinegro y la entrañable tortuga boba que, desde hace casi una década, viene a poner sus huevos a las costas catalanas.

Pero si una madre jabalí llega hasta allí con sus jabatos, buscando calmar la sed y algo que comer, en las noches de verano, se disparan todas las voces de alarma y se moviliza a la policía. Esto, a menudo, por muy buenas intenciones con las que se haga, supone impedirles obtener lo que iban a buscar además de causarles un estrés innecesario. De esta manera los animales asustados, sedientos y hambrientos, emprenden una huida ciega teniendo que cruzar las carreteras con el consecuente peligro para ellos y los conductores. Si se les dejara hacer, disminuirían este tipo de problemas. Una vez satisfechas sus necesidades, se volverían tranquilamente por dónde han venido hacia sus territorios y encames[v], con muchas más probabilidad de cruzar con éxito las carreteras.

¿Cuánto tiempo hace que se habla de la necesidad de habilitar pasos de fauna? El tiempo y la frecuencia que lleva diciéndose no han conseguido un impacto positivo al respecto. La costa está bordada de poblaciones y, dada la configuración de las carreteras y calles urbanas, resulta muy difícil construirlos. Sin embargo no sería nada costoso, cuando se adecúan los ríos y rieras a nuestro gusto y solaz, tener en cuenta también a esas otras especies grandes que los necesitan tanto como nosotros.

Los animales salvajes,  tratan de ser discretos y permanecer lejos de nuestras miradas, en la medida de lo posible. Permitirles el acceso al agua a especies como el jabalí, el corzo y el lobo es fundamental para ellos y para la recuperación de los ecosistemas.



[i] Si tuviéramos en cuenta a las llamadas “invasoras” diríamos que muchísimas especies han conseguido proliferar y expandirse. Pero esto es un tema delicado que dejo para otro artículo.

[iii] Autor de múltiples artículos y dos libros “lobos, linces y osos” y “Coexistencia”

[iv] Documental “Javalí, el vecino salvaje” en tv3 Catalunya

[v] A menudo podemos comprobar que esto sucede así. Sin ir más lejos, hace unas noches, pasaron por al lado de mi casa pero solo los perros los oyeron y al llegar la mañana no había ni uno a la vista, solo la superficie de tierra removida dejó la clara evidencia de su presencia.

 

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