Ecosistemas humanizados
Recientemente he terminado de escribir un libro de ensayo. El último capítulo se lo dedico a las especies domésticas, en honor a ese pacto que mantenemos desde hace miles de años… sin ellas, para bien o para mal, no habríamos desarrollado nuestras culturas y tecnologías. De hecho, no solo son nuestro sostén a múltiples niveles, nosotros somos tan domésticos como ellas, debido a las presiones selectivas que sufrió nuestra especie cuando cambió de forma de vida en los inicios del Holoceno. No quería hacer un espóiler tan amplio pero una reciente noticia me ha impulsado a publicar parte de la sección “Ecosistemas humanizados” de ese último capítulo.
Los políticos y administradores les llaman ecosistemas urbanos pero están principalmente orientados a la sociedad humana y yo trato sobre algo más básico e inclusivo. Por lo que “humanizados” me parece más representativo de este tipo de ecosistemas en los cuales otras especies no son de menor importancia. No obstante, la nuestra es la más visible y, por lo general, la más abundante, solo superada por ratas y cucarachas, en determinadas circunstancias. También somos la especie vertebradora, pero no todo lo hacemos por y para nosotros, también por y para el resto de las especies que forman parte de nuestras comunidades.
Por ejemplo, hacemos construcciones para animales domésticos con el fin de darles un espacio a nuestro lado, así como granjas, zoológicos, refugios de fauna, santuarios, etc... Además, un buen número de animales también se instalan junto a nosotros, en contra de nuestra voluntad, pasando a formar parte de la comunidad del ecosistema humanizado. Muchos ni siquiera son domésticos, como insectos, reptiles, arácnidos, aves y algún que otro mediano o pequeño mamífero... y otros que sí lo son, como las ratas y las cucarachas, nadie piensa en hacerles un sitio en nuestras urbes, al contrario, si hubiéramos podido ya las habríamos hecho desaparecer. Pero, pese a no ser bienvenidos, han encontrado formas muy exitosas de seguir formando parte de la comunidad doméstica, pese a nuestros inmisericordes ataques. Una prueba, indiscutible, de que nuestra voluntad consciente no lo puede todo y nuestra inteligencia tampoco.
En la conservación de la biodiversidad nos centramos en las especies salvajes, y no es costumbre reconocer la gran labor que realizan las domésticas que nos acompañan. Entre las más importantes, y sin embargo las que menos en cuenta se tienen, están el apoyo y la ayuda a los discapacitados, a los niños y ancianos y a toda clase de personas. Tanto en los pequeños poblados como en las grandes ciudades, acompañan a los humanos solitarios, alivian el estrés, la falta de cariño y otras carencias y trastornos psíquicos y emocionales, propios de nuestro actual sistema social y formas de vida. También nos ayudan en catástrofes realizando tareas de búsqueda y rescate de personas; en la detección de sustancias peligrosas; desactivación de bombas y otras tareas de vigilancia y protección. Así como en la caza y la recolección, para los que aún dependen de ella en muchas partes del mundo. Incluso realizan una labor sanitaria limpiando los intersticios de nuestras urbes y ciudades, donde acaban toneladas de nuestros desechos orgánicos. De esta forma, disminuyen la carga bacteriana, que es inherente a nuestro sedentarismo. Pero en vez de reconocer esta importante labor, las señalamos como responsables de la transmisión de enfermedades.
Pese al rechazo al consumo de carne de una parte de la población urbana y otras cuestiones éticas y ambientales, las especies de animales destinados a la alimentación sostienen la vida de entre el 30 y el 40% de la población humana a nivel global (según datos de la FAO).
A medida que la población humana crece y la densidad aumenta, crece también nuestro malestar. La irascibilidad de los individuos aumenta con la densidad, por ejemplo, si vives en una zona poco poblada, cuando vas a la ciudad -en especial si vas conduciendo, al menos es lo que a mí me sucede- o a un gran centro comercial, adoptas un modo más agresivo, aunque solo sea de palabra.
De forma experimental, se ha estudiado el efecto de la densidad en el comportamiento, comprobándose que, efectivamente, aumentan los contactos agresivos y situaciones de estrés. Estos, a su vez, repercuten en el sistema neurohormonal, manifestándose como una disminución en la reproducción y otras alteraciones psicoemocionales.
La psicología humana es compleja y variada... los tabúes o el instinto de supervivencia de nuestra especie pueden vehicular el malestar, debido a la densidad, hacia otras especies con las que convivimos (el gran hermano orwelliano, el cuñao, la suegra, el inmigrante ilegal o el ver la paja en ojo ajeno). Como argumentos habituales están el temor a ser agredidos o infectados por esas otras especies, pese a que las estadísticas en ambos casos nos sitúan como principales agresores y transmisores.
Algo también habitual es la intolerancia a que la población de animales domésticos crezca con nosotros, incluso siendo su crecimiento muy inferior al nuestro, en cuanto vemos grupos de animales juntos salta la voz de alarma. En los últimos años (un par de décadas) en un sector del conservacionismo, se ha ido instalando progresivamente un especismo que señala a otras especies como principales responsables de la pérdida de biodiversidad, solo por ser exitosas y únicamente cuando son foráneas o domésticas. Especialmente agresiva es la posición hacia el gato doméstico, que ya exige públicamente, sin reparos, la eliminación de las colonias urbanas de gatos. Como en esta reciente noticia https://www.diariodesevilla.es/sevilla/ornitologos-reclaman-ataje-depredacion-aves-gatos-silvestres-parque-alamillo_0_2003926526.html
Además de ser éticamente reprobable, si disminuyen las especies con las que convivimos, la tendencia será a simplificar los ecosistemas humanizados. Es decir una disminución de la biodiversidad de nuestras comunidades que generará diversas consecuencias, como el aumento de las poblaciones de ratas y el estrés de las personas que trabajan y viven en las ciudades, con consecuencias en el sistema de salud y el entorno laboral y empresarial. Si a la disminución de las domésticas le sumamos la disminución de las especies salvajes, el saldo en biodiversidad va a ser aún más negativo.
Si continuara esta tendencia, nuestra especie acabaría devorándose a sí misma, como vaticinan las películas apocalípticas de zombis.
Que haya otras especies (además de la nuestra) que tenga un gran número de individuos, no es un problema para la conservación de las especies a medio - largo plazo, al contrario la Vida seguiría teniendo la posibilidad de generar nueva biodiversidad pese a todo...
Como ya apuntó Darwin en El Origen de las Especies, un gran número de individuos puede compensar una variabilidad baja, pues esta se genera en cada cruce sexual (además de por mutaciones, transferencias horizontales o captando genomas como decía Margulis). Con el paso del tiempo y las transformaciones del medio, podría volver a recuperarse la biodiversidad.
No podemos suicidarnos por ser muchos, ni tampoco pretender acabar con otras especies con argumentos que servirían para justificar nuestra propia eliminación a una especie extraterrestre o a algún trastornado mental. Ojo que, en este mundo nuestro, están en auge y, a juzgar por las masacres a las que tristemente estamos asistiendo, tienen tan pocos reparos en eliminar a los de su propia especie como a otras.
Nota de actualización
Unos días después, en el mismo periódico, nos dan la noticia de un evento en el mismo parque del Alamillo, donde los aficionados a las aves denunciaban los importantes daños que sufrían estas por causa de los gatos, a los que pedían eliminar. Este evento, In The Park, no es nuevo e incluye conciertos y múltiples actividades que atraen a un gran número de individuos de nuestra especie; creando un espacio lleno de ruido y movimiento incompatible con la vida de muchas especies… pero el problema de las aves son los gatos como dijo Carlinhos, un amigo de Facebook, que detectó esta última noticia https://www.diariodesevilla.es/vivirensevilla/vuelve-in-the-park-parque_0_2003941461.html


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