Todo el mundo miente
El etólogo Frans de Waal, explicaba con todo lujo de detalles, cómo nuestros primos hermanos los chimpancés, forman alianzas, manipulan a sus compañeros y utilizan estrategias de poder muy parecidas a las nuestras. También se ayudan entre sí y a individuos de otras especies, porque son empáticos y pueden adoptar la perspectiva de otros. Nos parecemos en unas cuántas cosas más que en el simple aspecto físico. Por ejemplo... también mienten.
Sí, no somos los únicos simios que mentimos… Especies de otros grupos animales tienen sus propios recursos como el camuflaje, el mimetismo, la cripsis y otros, para obtener así una ventaja en su supervivencia. Los chimpancés y otros primates lo hacen disimulando, llevando su mirada hacia un lugar para hacer creer a sus congéneres que el asunto importante está allí, cuando en realidad está oculto lo más lejos posible de hacia dónde se dirige su mirada. No obstante, no está tan claro que nos parezcamos tanto en la capacidad para el autoengaño.
Pero la diferencia fundamental, entre los chimpancés y nosotros, es que mientras ellos forman sociedades pequeñas de unas pocas decenas de individuos (el grupo más grande observado de 150 individuos en libertad), nosotros llegamos a formarlas de millones. En esto nos parecemos más a los insectos eusociales, como las hormigas, termitas y abejas. Aunque estemos mucho más lejos evolutivamente, hemos encontrado formas similares para poder vivir en enormes sociedades.
La ventaja y también el problema de las especies eusociales, es que para poder mantener la estabilidad con un número tan grande de individuos, debemos plegarnos a las necesidades de la reina. Esta emite sus señales de forma repetitiva hasta grabarlas en nuestros cerebros para que actuemos en consecuencia (la reina de nuestra especie está formada por grupos de poder con una amalgama de conocimientos, tecnologías, activos económicos, ideológicos y políticos). En el caso de otras especies, la reina impone sus necesidades a través de señales químicas, vibraciones, sonidos e interacciones físicas. En el nuestro mediante el lenguaje y la propaganda a través de diferentes medios.
La neurociencia nos dice que el cerebro no puede discriminar lo real de lo imaginario. Pero, por ese saber innato de los organismos, lo que captan nuestros sentidos (tono de voz, rubor, sudor, mirada, etc.) en los sutiles gestos del mentiroso, nos informa que algo no va como sería habitual y, si ya tenemos cierta experiencia en el tema, podemos concluir que nos está mintiendo. Sin embargo, en la información indirecta que recibimos normalmente, estas pistas sensoriales no están presentes, con lo cuál la reina nos puede engañar con facilidad.
Una característica de nuestras sociedades es que, por la gran cantidad de individuos y conocimientos que participan en ellas a todos los niveles, ninguna persona puede guardar todo el conocimiento necesario para entender y desarrollar tecnologías complejas. Y, la reina que, aún siendo más grande y amenazadora, no deja de ser "uno" más de nuestra especie, tiene el mismo problema ¿Cómo decide entonces el camino a seguir? sencillamente tratando de saciar sus caprichosas necesidades y fantasiosas expectativas, como todos, pero mucho más ambiciosas y a menudo más descabelladas. Cabe preguntarse así ¿A dónde vamos a ir a parar?
Resulta inquietante tratar de contestar a esa pregunta. Por otra parte, aunque sea habitual mentir, también lo es que los engañados traten de desenmascarar las mentiras Pero, si nos falta información por no tener delante al emisor, porque este solo replica lo que a él le han transmitido, o porque es un experto en controlar sus gestos y reacciones fisiológicas aparentando normalidad ¿Qué podemos utilizar de guía para desentrañarlas?
Yo diría que ir a lo básico. Todas nuestras tecnologías están basadas en fenómenos y fuerzas naturales y en los seres vivos. Como decía el profesor de investigación en el Instituto de Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mántaras, los aviones los hemos hecho intentando imitar el vuelo de los pájaros, sin embargo es evidente que un avión no es un pájaro, ni su forma y técnicas de vuelo son las mismas.
Pero tenemos un problema añadido para discriminar lo básico de lo que no lo es... y es que ya llevamos demasiado tiempo - mínimo desde Matrix-, confundiendo lo biológico con las tecnologías informáticas, lo orgánico con el hardware y lo mental con el software. Lo único que nos faltaba era bautizar a una de ellas como Inteligencia Artificial, decir que está basada en "redes neuronales" y que se "entrena" para "aprender". Ramón L. de Mántaras, expone claramente las diferencias entre redes neuronales artificiales y naturales y en como se "entrena" y "aprende" una máquina (tiene varias conferencias en redes sociales, como por ejemplo esta https://youtu.be/CA8LdZpG5l0?si=29iTZv2NEQf466FF ).
Desde lo básico, podemos entender que la inteligencia está estrecha e ineludiblemente relacionada con la Vida. De hecho es, simplemente, la capacidad de encontrar soluciones a los nuevos problemas que esta nos va planteando. Una máquina solo puede encontrar soluciones a través de la información que nosotros vertemos en las redes y solo si tiene acceso a ella y la han programado para resolverlos. Y, por supuesto, solo podrá hacerlo si tiene una importante fuente de energía externa a la que debe estar conectada. El hecho de que tenga acceso a mucha más información que cada uno de nosotros por separado, que pueda recombinarla de diferentes formas y que se haya desarrollado como un modelo de lenguaje humano, sin duda nos asombra y nos puede dar la falsa impresión de que realmente es una "inteligencia". Y de ahí, empezar a fantasear con que es un súper cerebro del que, en algún momento, surgirá la consciencia... como ya nos sugirieron en alguna que otra película. Sin embargo, estas son características que únicamente poseen los seres vivos; los animales en concreto.
Ramón L. de Mántaras, también nos dice que la confusión que tenemos sobre las auténticas capacidades de la IA se ha provocado interesadamente, exagerándolas, desde los grupos de poder que la desarrollan. Algo similar está sucediendo con el cuento de la "desextinción" de especies extintas, pese a que ya, diferentes publicaciones, han expresado que ni es posible ni ético.
Recientemente se ha publicado en La Vanguardia una noticia sobre una exposición en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, titulada Animales Invisibles: mito, vida, extinción, desextinción (https://www.lavanguardia.com/qf/20250523/10705176/animales-invisibles-quieres-ver-exposicion-mito-vida-extincion-brl.html ). Tocan nuestras emociones sobre aquellos animales que no podemos ver, porque ya se han extinguido o se extinguirán próximamente; a su lado la "desextinción" nos transmite que "podría" reparar algunas de estas tristes injusticias sobre los desaparecidos.
Este tema de la "desextinción", viene dando vueltas desde hace un par de años. Ya escribí algo en el ensayo que he terminado recientemente y hace poco, en un artículo que quiero publicar en una revista y por eso no puedo decir más de momento. Mientras tanto podéis leer unas reflexiones iniciales, que hice cuando me llegaron las primeras noticias sobre el tema, en el artículo Blade Runner, la epigenética y la resurrección de especies extintas publicado en este blog en enero del 2023.
¡Hasta la próxima!
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